Historia

La historia de La Hesperia es extensa y fascinante. Según los expertos y los registros arqueológicos, sabemos que esta área fue el hogar de los Yumbos, un grupo indígena que vivía aquí hace más que 500 años. Eran cazadores, recolectores, y comerciantes; usaron los culuncos, caminos ancianos, para transportar la mercancía y la información desde la costa hasta las sierras. En su libro Tropical Forest Archaeology in Western Pichincha, Ecuador, Ronald Lippi cita el cronista español Cieza de León, quien escribió de sus experiencias con los Yumbos en 1553 diciendo que los Yumbos no eran tan serviles como los indígenas más cerca de Quito.  

Por lo que sabemos en cuanto a la cronología, los Yumbos vivían en esta zona antes de la expansión del imperio inca en el siglo XV.  Tenían conexiones cercanas con los indígenas de Quito, y Lippi nota que usaban una red de culuncos que conectaban varias partes de la tierra yumbo con la sierra y la costa. Tales culuncos se pueden ver en las elevaciones más altas de La Hesperia. El descubrimiento de cerámicas ancianas sugiere que un pueblo antiguo o un mercado del comercio estuvo ubicado acá. Durante la expansión del imperio inca, los incas usaban los caminos para propósitos comerciales. Sus chasquis (mensajeros) corrían cotidianamente por estos caminos con pescado fresco para el rey inca Atahualpa. Hasta hoy día, posiblemente haya una plétora de evidencia sobre la historia antropogénica de los habitantes antiguos escondida en el bosque.

Durante el siglo XVI, los Yumbos disminuyeron a causa de la combinación de la colonización española y enfermedades letales como la viruela y el sarampión que los conquistadores trajeron consigo desde Europa. Nuevos habitantes llegaron a vivir en las montañas occidentales de Quito. Durante la era colonial, la propiedad de La Hesperia cubría un área tremenda (desde Aloag hasta Santo Domingo), y fue posesión de la Marquesa de Solanda, la esposa de Ayacucho Antonio José de Sucre, amigo cercano y compañero militar de Simón Bolívar (el responsable de la independencia de Ecuador, Perú, Colombia, Venezuela, y Bolivia). La Marquesa no desarrolló la tierra en que se ubica La Hesperia actualmente por su ambiente severo y la falta de carreteras. En esta época, los monos, tucanes, loros, jaguares, y otras criaturas de La Hesperia vivían en tranquilidad mientras numerosas batallas violentas tenían lugar en otras partes de lo que ahora es el Ecuador para hacer que el sueño de independencia ecuatoriana llegara a ser una realidad. En 1830, Ecuador nació como una república. Con el paso del tiempo, las fronteras de La Hesperia disminuyeron, y una gran parte de su bosque se perdió debido al desarrollo.

En 1970, el gobierno ecuatoriano pasó una ley de reforma agraria que declaró que cualquier familia ecuatoriana que viviera en un terreno por lo menos cinco años y pudiera probar que lo trabajaba (en otras palabras, que cortaba el bosque y hacía ganadería o agricultura) podría conseguir un título propietario. Una cantidad enorme de bosque se cortaba a causa de esta ley, y La Hesperia perdió la mitad de su tierra. En vez de cultivar café y caña de azúcar, el ganado se introdujo. En esta era, la palabra “conservación” no se había manifestado como un concepto ambiental en Ecuador. La primera ONG ambiental no se fundó hasta 1978.

En 1988, se tomó la decisión de proteger el bosque de La Hesperia como una reserva para el bienestar de la vida salvaje y el beneficio del mundo. En 1992, se escribió el primer plan de manejo, y la lucha contra la deforestación empezó. Sin recursos financieros, fue difícil lograr los objetivos de la conservación y el desarrollo social; por lo tanto, se consideraron varias opciones. Desde 1992, hemos recibido estudiantes de todas partes del mundo. Reconociendo la importancia de La Hesperia para la conservación de las aves, Bird Life International y Conservation International la incluyeron como parte del Área Aviaria Importante (Important Bird Area) Río Toachi-Chiriboga en 2002. La Hesperia ha formado muchas afiliaciones con varias fundaciones y organizaciones a través de los años para recibir los fondos para proyectos de conservación y educación.

El viaje de La Hesperia ha sido largo y sinuoso, y aún continúa. La reserva sigue evolucionando para asegurar la protección del bosque nublado y la perpetuación de vivir sosteniblemente. Sin embargo, no habríamos podido alcanzar este punto si no fuera por los investigadores, voluntarios, y visitantes quienes nos han apoyado, y, como seguimos progresando, el apoyo sostenido de aquellos que les importa el medio ambiente será integral. Sobre todo, como decimos mucho acá en La Hesperia, la conservación es, y siempre será, una responsabilidad compartida.